Si 2020 fue el año en el que toda España empezó a teletrabajar de manera simultánea, 2021 será el año de aprender a hacerlo.

“Que podamos volver pronto a la normalidad”. Es el deseo que más se ha repetido en la mayoría de los mensajes navideños de este año, y eso que no había llegado Filomena a nuestras vidas. Esa normalidad incluye vernos sin restricciones, viajar cuando nos apetezca y trabajar de nuevo desde la oficina. Bueno, quizá esto último no del todo. El gran experimento del teletrabajo nos ha dejado buen sabor de boca, y como indican casi todas las encuestas a la mayoría nos gustaría seguir practicándolo al menos un par de días a la semana. Aunque si 2020 fue el año en el que toda España empezó a teletrabajar de manera simultánea, 2021 será el año de aprender a hacerlo. Y no solo es una cuestión de tecnología – ¿quién no ha sudado intentando compartir pantalla o golpeado frenéticamente el teclado para activar el micrófono sin encontrarlo? – sino de mentalidad. De aprender que teletrabajar no es cambiar la mesa de la oficina por el sofá de casa, que ni siquiera es acostumbrarse a las reuniones online, sino que implica una nueva manera de abordar el trabajo centrada en los ritmos de cada persona y en sus elecciones, y una nueva manera de relacionarse con jefes y subordinados basada en la confianza y en los resultados. Bien ejecutado, el teletrabajo aumenta la productividad de los empleados, es bueno para el medioambiente y puede ayudar a aliviar problemas como la despoblación de las áreas rurales o las condiciones de vida en las grandes ciudades.

Implica una nueva manera de abordar el trabajo centrada en los ritmos de cada persona y en sus elecciones, y una nueva manera de relacionarse con jefes y subordinados basada en la confianza y en los resultados

Pero el teletrabajo también tiene su lado oscuro. Uno de sus principales riesgos deriva de su principal ventaja. Al desplazarnos a la oficina, la mente se va preparando para el cambio entre nuestra vida en casa y nuestras responsabilidades profesionales. Sea lo que sea lo que dejamos atrás al cerrar la puerta de casa, cuando llegamos a nuestra mesa estamos física y mentalmente preparados para la inmersión en nuestra lista de tareas. E igualmente, cuando apagamos el ordenador para volver a casa, es más fácil dejar atrás los problemas del trabajo.

Sin embargo, como han revelado diversas encuestas, muchos teletrabajadores dedican más horas a trabajar porque no consiguen desconectar mentalmente de sus tareas, ahora que no hay un cambio de escenario que les sirva de justificación. Aunque el concepto de equilibrio entre trabajo y vida privada existe desde principios de la década de 1930, su significado ha evolucionado a lo largo de los años. A medida que el mundo se va acostumbrando al concepto de trabajo a distancia, parece que estamos dejando atrás la “cultura del ser permanentemente productivo” y nos acercamos al concepto de un saludable equilibrio entre trabajo y vida privada.

¿Pero qué es el equilibrio entre trabajo y vida privada y por qué es tan importante? Tener un equilibrio entre el trabajo y la vida privada significa establecer una saludable división del tiempo (y la energía) entre el trabajo y las actividades de ocio. Ese equilibrio es diferente para cada persona, pero hay algunos pasos comunes que puedes seguir para establecer un equilibrio que funcione para ti. Un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida privada te protege del estrés crónico y del agotamiento, y asegura un crecimiento sostenible en el lugar de trabajo. ¿Te gustaría saber cómo alcanzar ese equilibrio? La semana que viene te daremos en este espacio 5 consejos para crear un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida privada mientras trabajas desde casa. No te lo pierdas.

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