Incertidumbre, soledad, estrés, ansiedad….Son algunas palabras que han formado parte de nuestro vocabulario en los últimos meses y que definen cómo nos hemos sentido la mayoría en algún momento desde que cambiamos la oficina por nuestra casa repentinamente. Hoy nos hemos sentado con los profesionales de la Fundación Psicología Sin Fronteras para preguntarles cómo está afectando el teletrabajo a la salud mental de las personas, y cómo podemos evitar que el  desaliento se instale como compañero de mesa.

Elena Martín, psicóloga general sanitaria licenciada por la Universidad Autónoma de Madrid, forma parte de la fundación desde marzo de 2019. Psicología sin Fronteras (PSF) nace en 2013 como un proyecto de asociación ligado a la intervención en situaciones de emergencia, y rápidamente se ha convertido en un referente en España en el abordaje de dicha área.  Como fundación, adaptan el coste de su servicio a los ingresos de quien lo necesite, para que nadie se quede sin asistencia psicológica. Según la doctora Martín, “el objetivo fue desde el principio aunar la profesionalización del trabajo de psicología y la intervención a nivel social, político y en acciones específicas de voluntariado.” Hoy en día cuentan con grupos de intervención de PSF en España y América Latina, y desde que comenzó la pandemia su actividad no ha dejado de crecer. Especialmente, las consultas online o telefónicas, que debido a las condiciones de confinamiento han experimentado un crecimiento exponencial.

¿Cómo ha cambiado vuestro trabajo desde que comenzó la pandemia?

 Durante los últimos meses hemos podido observar un aumento en las demandas psicológicas relacionadas con ansiedad, desde ataques de pánico o fobias muy específicas a problemas para dormir o miedo a salir de casa.

¿Cómo funciona el servicio?

En el equipo de salud de PSF recibimos mediante mail, redes sociales o llamada la petición de ayuda/atención del usuario, contactamos con la persona y realizamos un triaje en el que informar sobre el servicio, ajustar la tarifa según los ingresos-gastos y conocer el motivo de consulta para así derivar al psicólogo que mejor se adapte a cada caso. Durante los últimos meses, en dichos triajes ha aparecido de manera recurrente las palabras “ansiedad” y “miedo” para definir el motivo de consulta. Gran parte de los usuarios expresaban síntomas de tensión y estrés en relación al periodo de confinamiento, estados de ánimo depresivos debido a la falta de recursos o las pérdidas, y habitualmente se han producido alteraciones en el sueño y la alimentación en relación a la ansiedad.

En marzo del año pasado comenzamos un proceso de adaptación para dar respuesta a todas las demandas que recibimos habitualmente y las que esperábamos que surgieran como consecuencia del estado de alarma sanitaria. De esta forma, creamos un servicio de atención psicológica de mayor accesibilidad e inmediatez, en el que las 3 primeras sesiones son gratuitas y de apoyo/acompañamiento para todas las cuestiones relacionadas con el confinamiento, el virus, la incertidumbre… tras las que se realizaba el triaje y la derivación para una terapia psicológica completa en caso de que fuera necesario. Este servicio ha sido utilizado durante todos los meses siguientes a marzo y hemos podido observar un gran aumento en las alteraciones psicológicas directamente derivadas de procesos de ansiedad. Es también significativo que la mayoría de usuarios han continuado en terapia tras las 3 sesiones de acompañamiento, pues los síntomas de tensión, problemas para dormir, cambios bruscos en estados de ánimo, procesos de duelo… continúan latentes después del confinamiento.

“El estrés y la ansiedad son reacciones naturales que cumplen una función a la hora de trabajar desde casa.”

¿A qué creéis que es debido?

Nunca antes nos habíamos enfrentado a una situación de alarma sanitaria como la que estamos viviendo con el COVID, la novedad de la situación y la incertidumbre que genera son dos aspectos que impactan directamente en nuestro bienestar psicológico. Esto sumado a los cambios que se han producido en nuestro día a día, desde un completo “parón” de meses de estar en casa a cambios de planes vitales, pérdidas de trabajo, pérdidas de seres queridos… todo ello sin tiempo para asimilarlo, planear de nuevo o poder aceptar los cambios.

Por otra parte, la línea que separa la “precaución” del “miedo” es realmente fina y para muchas personas resulta complicado cumplir las medidas de seguridad o cuidarse sin interpretarlo desde el miedo. Esto impide actuar desde la tranquilidad y tomar decisiones conscientes, llevándonos más bien a reaccionar ante lo que nos sucede y permanecer en un constante estado de alerta, tensión y nervios.

¿Crees que los medios de comunicación y las redes sociales contribuyen a esta sensación de ansiedad generalizada?

Los mensajes que recibimos del contexto en el que vivimos generan determinadas emociones e influyen en los mensajes o el diálogo que mantenemos con nosotros mismos. En estos últimos meses hemos escuchado con gran frecuencia las palabras contagios, muertes, medidas, precaución, alerta, fallecidos… todo ello conecta con el miedo como emoción básica y deriva en síntomas de ansiedad (falta de concentración, problemas de sueño, dolores musculares, molestias digestivas, tensión…) que nos mantienen anclados a pensamientos negativos que impiden llevar una vida tranquila.

El colegio oficial de Psicología de Andalucía Oriental (COPAO), hacía público un estudio reciente en el que se afirmaba que “el teletrabajo puede generar sentimientos de aislamiento, soledad, estrés y ansiedad que se sumarían el aumento de la desigualdad en las mujeres que, a menudo, ven duplicadas sus tareas al sumar las obligaciones laborales y las del entorno doméstico”

¿Habéis tratado a gente en situaciones de teletrabajo con estos problemas?

Sin duda el teletrabajo ha generado dos sectores diferenciados en la población a nivel psicológico: aquellos que han visto un gran beneficio por ahorro de tiempo, posibilidad de dormir más, contar con espacio personalizado y cómodo para trabajar y mayor tranquilidad en general; y aquellos que no tienen un espacio privado, conviven con más personas en su jornada laboral, y para los que las salidas de casa suponían un factor protector que ahora han perdido.

En este segundo grupo han aparecido sentimientos de soledad, ansiedad, estrés… que podrían verse agravados en el caso de una mujer que como señala el estudio, viera duplicadas sus tareas domésticas al añadir en este mismo contexto las laborales.

¿Cuál es el caso más curioso qué os habéis encontrado?

Todo lo anterior se refleja en uno de los tantos casos que hemos atendido en relación con problemas con el teletrabajo. Se trata de una mujer de 55 años, trabaja como administrativa y vive con su marido y sus dos hijos. Durante los meses de confinamiento los 4 han teletrabajado, el marido es catedrático y a diario realizaba videoconferencias, el hijo mayor da clases en la universidad por lo que también realizaba videoconferencias, la hija pequeña es estudiante universitaria y recibía clases online y ella frecuentemente atiende videollamadas, mientras realiza el resto de tareas administrativas. Viven en un décimo con un pequeño balcón, la casa consta de 3 habitaciones, salón, cocina y dos baños. De esta manera, cada uno de los hijos trabajaba en su habitación, el marido en el salón y ella en la cocina. Así durante los meses de confinamiento y los meses posteriores pues a todos les han permitido continuar teletrabajando (salvo la hija que algunos días acude a clases presenciales). Ésta mujer acudió a nosotros expresando que “no podía más”, tenía intensos síntomas de ansiedad, no dormía y no rendía en el trabajo, el médico de cabecera le había recetado un antidepresivo y lexatin a demanda. Ella contaba sentirse completamente sola a pesar de ser 4 en casa, se veía en la cocina trabajando y haciendo la comida a la vez, sin poder entrar a su salón, sin poder charlar con sus compañeras de trabajo en el momento del café, desmontando su despacho improvisado cada vez que los hijos o el marido tenían que comer y lo hacían en la cocina. Efectivamente, su nivel de ansiedad era muy elevado, estaba en constante tensión y había comenzado a tener serios problemas para dormir, se notaba irascible, triste y sin ganas de nada.

Ella es un ejemplo de cómo un factor aparentemente facilitador puede convertirse en un factor de riesgo que altere por completo el bienestar emocional y la estabilidad psicológica de una persona. Por ello, es imprescindible contar con recursos, herramientas y apoyo profesional de distintas áreas que permitan abordar este tipo de situaciones en las que teletrabajar supone todo un mundo…

Algunas personas se ven obligadas a trabajar con toda la familia a su alrededor, otros en completa soledad, y en algunos casos, tienen que afrontar la pérdida de sus trabajos por la crisis provocada por la pandemia. ¿Cómo afectan estas situaciones tan diferentes al ánimo de las personas?

Muy buena pregunta, desde luego que no es nada fácil dar una respuesta general. Hay que verlo en perspectiva. Trabajar en familia puede ser tanto una fuente de ánimo y apoyo, como una incomodidad o incluso riesgo. Lo mismo se puede decir de la soledad, cuando es elegida o cuando no, siendo más extremo que se convierta en aislamiento si no se tiene en cuenta a nivel organizacional. Analizar todas estas situaciones no es nada descabellado para una empresa, porque sus consecuencias pueden derivar en protección o bajas laborales, también afectan al rendimiento. Un bienestar laboral cuidado cuando se aclimatan los entornos laborales de teletrabajo, teniendo en cuenta estos impactos, es más probable que beneficie a todo el contexto de organización con todas sus partes. Poniéndonos en los ejemplos, no es lo mismo que sienta la obligación de trabajar aún a pesar de que tengo muchas distracciones de mi familia, a que pueda encontrar al menos un momento breve para atender estas situaciones en las que la familia interfiere en mi trabajo (atender a los hijos en algún momento con sus deberes, cuidar de una persona dependiente, hacer un café telemático con el equipo…) Somos humanos, la atención a los momentos familiares o a las relaciones con compañeras y compañeros pueden formar parte de nuestra vida y es normal. Validarlo ya es un paso importante, y seguramente puede explicar que me sienta apoyado por mi organización si así lo valoro. Desde luego que, si un trabajador o trabajadora se siente invalidado o no reconocido por su empresa en estas situaciones, el ánimo puede resultar variable desde sentirme más irritable o más triste, a perder la motivación por mi desempeño o directamente quemarme, y tiene todo el sentido del mundo. La no atención o la invalidación de estas situaciones son el caldo de cultivo para sentir que no estoy recibiendo un trato justo o reconocido por mi trabajo, por lo cual, el estado de ánimo cumple una función clara que es dar un toque de atención por el cual, mi trabajo no me lleve a perder salud laboral.

La pérdida de los trabajos durante esta pandemia quizás es la peor parte de quienes sufren y, sobre todo, quienes ya contaban con una vulnerabilidad de base (ser joven y mujer, ser migrante o ser autónomo…). Ese miedo a sentir lo difícil que puede ser volver a encontrar trabajo cuando ya se están perdiendo muchos empleos, esa incertidumbre a no tener ingresos con los que vivir y no volver a recuperarlos, la sensación de sentir según qué actividades en suspenso por considerarse no esenciales… Desde luego que hay toda una amalgama de posibilidades y por desgracia desesperanzadoras ante quienes han afrontado la pérdida de empleo. Psicología Sin Fronteras desea plenamente acompañar en todos los casos, pero en estos supuestos, lo consideramos más que esencial.

¿Qué consejos podéis dar a la gente que trabaja desde casa para evitar el estrés y la ansiedad de estar solo?

Primero que el estrés y la ansiedad son reacciones naturales que cumplen una función en este caso, a la hora de trabajar desde casa. En su justa medida son emociones necesarias que o bien nos protegen o también nos activan para preparar a la acción, y, de hecho, además de que pueden ayudarnos son automáticas, por lo que controlarlas sería contradictorio, podemos manejarlas, y es de ahí que van los siguientes consejos.

Segundo, no hay nada malo en ti por sentir ansiedad o estrés. No son enfermedades como muchas veces se tienden a asumir, por lo que, date espacio para sentirlas y manejarlas, afortunadamente no se muere por un estrés o por una ansiedad, si bien es cierto que continuadamente y en extrema intensidad es más probable que sean perjudiciales para la salud.

Tercero, reconoce el estrés y la ansiedad. El estrés comienza a ser problemático cuando siento que me faltan recursos (habilidades, tiempo, apoyo…) para hacer frente a lo que se me demanda trabajando desde casa. En estos casos ayuda delegar según que tareas, pedir formación a la empresa, de ser posible ampliar los tiempos negociándolos, un cierto feedback, es decir, que se me devuelva un apoyo e información adecuados de lo que hago respetuosa y útilmente… La estrategia pasa por dar cuenta de cuando realmente siento que no puedo asumir tantas demandas con los recursos que tengo, y poner en marcha los nuevos recursos que me sirvan. Nunca va a existir la recomendación perfecta, intenta reflexionar lo que te funciona para recuperar o adquirir recursos, puede ser, parar y ver distintas decisiones con sus consecuencias, tumbarse y poner atención en la respiración para regularla, o bien simplemente convivir con la sensación y tener actividades gratificantes/placenteras como escuchar música, por ejemplo, no para evitar sentir estrés, más bien para reacondicionarlo de tal manera que se recupere.

Con la ansiedad, el reconocimiento de cuando puede resultar problemático tiene otro bagaje y es cuando solo asumo los peligros de trabajar en casa de manera única sin poner en contexto posibles decisiones para protegerme, o elementos seguros a mi alrededor. Distraer la ansiedad es muy probable que no resulte eficaz. La ansiedad sigue una curva que cuando llega a su punto más álgido, actúa de tope, y disminuye de manera natural. Cuando noto tensión o ese miedo al miedo, propio de la ansiedad, tenemos dos maneras de evaluarla, una en la que solo extraemos el peligro anticipándolo, y otra en la que además de tener en cuenta el peligro, podemos intentar hablarnos de otra manera frente a la excesiva certeza que le damos, tomando en cuenta los elementos seguros de mi entorno: “soy suficientemente válida/o para afrontar este trabajo aunque me esté resultando difícil por a o por b”, “Estoy en casa y puedo decidir de manera más autónoma cómo gestiono mi tiempo”, “No tengo porqué perder mi trabajo, estoy tratando de cuidarme”, “Estoy haciendo todo lo que puedo, esta situación es nueva para mí, y voy consiguiendo poco a poco mi trabajo”… Si hay situaciones que me causan ansiedad o que temo, una exposición a las mismas en según qué grado, va a ayudar a que lejos de activarme en exceso, pueda aprender a manejarme. Puede ser que tema hablar en reuniones desde casa anticipando algo malo, como que van a criticarme o que puedo perder el empleo si digo algo que no cuadra… No negamos que existan factores objetivos de ello como el acoso laboral, por ejemplo, pero si el temor no está sujeto a evidencias propiamente dichas, prepararme estas reuniones imaginándome en ellas o frente al espejo, pongamos, son herramientas que ayudaran a manejar la ansiedad y utilizar su activación en nuestro favor.

¿Cómo debemos prepararnos para este 2021?

Dependerá de muchas variables, y de nuestra situación personal, pero sin duda, empezar por reconocer que la vulnerabilidad no es un fracaso laboral, es ya una oportunidad para entender que una circunstancia como una pandemia, ojo, una pandemia global.,que nos ha tocado sufrir, no es motivo como tal para cargar con nuevas culpas, de lo que no hayamos por ejemplo podido llegar con nuestro trabajo, o a lo que no hayamos conseguido aspirar. En nuestra sociedad, una idea de estatus es esta presión por tener un proyecto lineal con hitos, y el fracaso se interpreta como un freno o una insatisfacción. Para prepararnos, hay que darse cuenta de que la incertidumbre es algo que forma parte de esta pandemia y que fracasar no es ni de lejos un muro infranqueable, es ya un gran paso. Seguimos aprendiendo durante toda nuestra vida, y algo tan nuevo deberíamos replantear la manera en que se nos responsabiliza de lo que hacemos o no hacemos. 

El empoderamiento en todo esto empieza por dar cuenta de lo que he considerado en este año que es fuente de riesgo en mi trabajo, en efecto, reconocer que existen riesgos laborales psicosociales, que hay muchos rostros en ello que se pueden identificar no tanto como un estigma más, sino como vías para tener un margen de acción en las que apoyarme. Véase por ejemplo algunos de los que ya comentamos en esta entrevista: la ansiedad en el trabajo, el estrés laboral, el acoso laboral… En la Fundación Psicología Sin Fronteras, por ejemplo, ponemos en marcha un servicio de atención psicológica al trabajador en la que sin duda quien nos lea y se sienta identificado puede recurrir. La terapia es un acto natural en la vida de toda persona en un momento dado, y no siempre tenemos las respuestas en según qué circunstancias. En PSF ofrecemos un espacio neutro independiente de la empresa, en el que encontrarnos para ayudarte. 

Si necesitas ayuda, puedes contactar con Psicología sin Fronteras en su página web o en el teléfono 658 712 646.

Autor Carmen

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